Ideas para organizar buenos proyectos de aprendizaje
Hay profesores y profesoras con una gran habilidad para plantear proyectos de aprendizaje excelentes para sus clases. Otros muchos piensan que carecen de ella, pero en realidad es un problema de falta de ejercicio y, tal vez, de método.
En este trabajo voy a proponerte unas cuantas ideas prácticas que te pueden ayudar a ejercitar tu capacidad para descubrir buenos proyectos de aprendizaje, partiendo de elementos que tienes muy a mano.
Conoce a tu alumnado
El aprendizaje debería estar guiado por los intereses de la persona que aprende. Por decirlo de una manera gráfica: si el proyecto le permite a tus alumnos conseguir algo que les interesa, que desean, movilizarán toda su energía en conseguirlo.
Para conocer estos intereses tienes que hacer una cosa bastante sencilla: tienes que escuchar a las personas que tienes en tu clase. Puedes hacerlo de muchas formas, e incluso aprovechar alguna para lograr otros objetivos. Por ejemplo:
Crea un buzón de preguntas, en el que los chicos y chicas vayan dejando aquellas que les interesan (si no arrancan pon algunas tú). Puede ser de forma anonima. Revisadla periódicamente y utilizad aquellas más interesantes como base para un proyecto cuyo objetivo sea responderla. Como beneficio adicional, aprenderemos la importancia de hacer preguntas, y de buscar nuestras propias respuestas.
Haz que hablen de lo que les gusta. Dedica un rato a la semana para que presenten en clase algo que les gusta mucho: un objeto, un juguete, un libro, una película, una historia, lo que sea. Mejor si la actividad es completamente voluntaria y el contenido totalmente libre. Para organizarlo un poco, puedes hacer que se apunten los días anteriores. Limita el tiempo de exposición a cinco minutos. De paso trabajas la expresión oral, hablar en público, capacidad de síntesis, algo de educación emocional, y, sobre todo, te ayudará a conocerles.
Intenta descubrir sus “áreas de sabiduría”. Muchos niños y niñas se interesan por algunos temas que investigan por su cuenta como afición. Cuando vayas a iniciar un tema de estudio, puedes pedir a la clase en general que quien lo desee aporte material o información que conozca y que esté relacionada con lo que vamos a estudiar.
Dale campo a su expresión. Dales un espacio de decoración del aula en el que puedan poner libremente recortes, fotos, de cualquier asunto que les guste. Observa la reacción del grupo para ver qué temas son realmente populares y cuáles no.
¿De qué sirve todo lo anterior? Conocer a las personas con las que trabajas te permitirá tener en mente diversos puntos de partida y de destino para tus proyectos de aprendizaje. Las combinación de esos puntos con los contenidos y competencias te puede dar la clave del planteamiento de los proyectos.
Estudia tu entorno
Examina el entorno de tu centro y de tu aula para conocer los recursos educativos que tienes a tu alcance y los posibles objets de interés en los que basar tus proyectos.
Visitas didácticas. Una manera muy sencilla de estructurar un proyecto es a partir de una visita didáctica. Hay programas municipales, de fundaciones, empresas, etc, que te facilitarán la organización. El proyecto lo puedes organizar en torno a la preparación previa, la investigación en el lugar de la visita, y la comunicación de los hallazgos posterior.
Si no dispones de las ofertas de visitas como las indicadas puedes montar tu propio programa:
Explora el entorno del centro, es posible que tengas al lado algún lugar interesante: un parque, el mercado, un lugar de interés histórico o ambiental… que merezca la pena investigar o visitar.
Habla con las familias de tu alumnado. Puede que te encuentres con la sopresa de que te pueden proporcionar acceso a experiencias interesantes o a recursos de información.
Dale la vuelta a los temas
Todos sabemos que tarde o temprano hay que estudiar temas como “la nutrición” y otros por el estilo. En lugar de centrarte en “¿cómo puedo trabajar la nutrición?”, se trata de hacerse la pregunta: “¿qué tipo de proyecto requeriría aprender sobre la nutrición para llevarlo a cabo?”. Podríamos, por ejemplo, investigar si el menú de nuestro comedor escolar es sano, o si los niños y niñas traen una merienda adecuada, o cuál sería la receta de una pizza que no sea “comida basura”, entre otras muchas ideas.
La cuestión de fondo es convertir el aprendizaje en un medio, no en un fin. La enseñanza tradicional se basa en que los alumnos y alumnas reproduzcan aquello que se les enseñe. El aprendizaje haciendo (learning by doing) se basa en que el proyecto genere la necesidad de aprender lo que se precisa para que el aprendiz pueda lograr por sí mismo el objetivo que se ha planteado.
Por ejemplo: si el proyecto fuese construir un avión necesitaré aprender algo de aerodinámica, entre otras muchas cosas, porque es un conocimiento necesario para hacer volar ese avión. Además, esta contextualización permite una experiencia directa de las relaciones entre la teoría y la práctica (¿para qué sirve lo que aprendo en la escuela?) y entre los distintos saberes requeridos para llevar a cabo el proyecto.
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