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Flipando con la Khan Academy

(Foto de dave, morguefile)

Khan Academy es una web creada por Shalman Khan que conforma un espacio de contenidos de aprendizaje en formato video (más de 2.600 a la hora de escribir esto) y ejercicios de práctica (en matemáticas).

En algunos medios y blogs se empieza a hablar de Khan Academy como una iniciativa que cambia las reglas de la educación, el comienzo de una revolución educativa o un modelo para la educación del futuro. Incluso Bill Gates ha apadrinado la iniciativa con una inversión de millón y medio de dólares. (He de decir que el talento de Gates para la predicción del futuro no es especialmente brillante).

La idea es simple e interesante. Básicamente Khan ha grabado cientos de vídeos con explicaciones de multitud de contenidos de aprendizaje (especialmente matemáticas), muy concretos y cortos. Estos están accesibles al público en general a través de la web, donde se pueden consultar seleccionándolos de un índice o buscándolos.

En cuanto a los ejercicios, Khan ha desarrollado un software para generar automáticamente ejercicios sobre un tema, con un sistema de puntuaciones y recompensas. Aunque lo más interesante quizá sea el mapa que relaciona los ejercicios entre sí a través de sus dependencias. La idea es que el aprendiz pueda ir avanzando de forma progresiva y registrar sus logros.

Pero esto no es algo especialmente novedoso. El paradigma básico tras los vídeos y los ejercicios es de la enseñanza programada conductista, al estilo de las máquinas de enseñar. Existen, por otro lado, cientos de aplicaciones y juegos “educativos” que utilizan este mismo modelo.

Por otro lado, la idea del repositorio audiovisual abierto ya la hemos visto en otras propuestas, como iTunes University, entre otros, que también aporta sus propias ventajas.

Esto no es ni bueno ni malo. La metodología es adecuada para numerosos contenidos de aprendizaje, en particular aquellos que requieren de la práctica repetida para automatizarlos y para aquellos que son simple transmisión de información. 

Pero tildar Khan Academy de idea revolucionaria o de futuro para la educación me parece francamente exagerado. Y no soy el único en pensar eso. Lo cierto es que Khan Academy tendría que ofrecer muchos más contenidos e incluso vídeos alternativos para los mismos temas, donde los explique con otras metodologías, orientado a distintos niveles de profundización, etc.

La clase invertida

Parte de la euforia tras Khan Academy tiene que ver con otra idea que también está teniendo alguna divulgación en estos momentos, y que es el modelo de “Flipped classroom” o clase invertida. Por supuesto, también hay quien lo considera el inicio de una revolución educativa.

Lo que propone el modelo de la clase invertida es sencillamente que en vez de explicar los contenidos en la clase, los profesores remitirían al alumnado a vídeos colgados en Internet para que atiendan a las explicaciones en su casa y a su ritmo y utilizarían el tiempo de clase para actividades más complejas, atención individualizada, trabajo colaborativo, proyectos, etc.

Supongo que no hace falta explicar dónde encaja la idea de Khan Academy y otros repositorios similares. Idealmente, es el propio profesorado el que debe elaborar estos vídeos explicativos, pero servicios como Khan Academy lo pueden aliviar de esta tarea. Las editoriales avispadas pueden encontrar aquí un excelente, amplio y prometedor mercado.

La idea básica de la clase invertida es reservar el tiempo de clase para actividades de aprendizaje más ricas, y es una idea positiva que hay que valorar. Sin embargo, no es algo que cambie sustancialmente los modelos de aprendizaje. Cambia el modelo de enseñanza, que es una cosa muy distinta. Podemos hacer clase invertida con los libros de texto de toda la vida y quedarnos tan anchos, o anchas.

A cualquier cosa le llaman revolución educativa

Justamente. A cualquier cosa le llamamos revolución educativa, lo que no dice mucho a favor de la profundidad del análisis. Pero en estos tiempos de cool hunters y expertos en social media, el que no corre, vuela, a la hora de detectar la última tendencia.

Muchas de estas tendencias no resisten el más mínimo escrutinio que intente ponerlas en perspectiva educativa o histórica. Ni siquiera hay que profundizar demasiado.

Y, por otro lado, parece que estamos empeñados en buscar la solución mágica y única para todos los problemas de la educación. Por suerte, no la hay.

Claro que no es necesario considerar Khan Academy o la clase invertida como ideas revolucionarias para que sean útiles, dignas de tomar en cuenta o incluso inspiradoras.

La idea tras Khan Academy demuestra que hay una forma práctica de crear nuevos soportes de contenidos de aprendizaje alternativos a los libros de texto tradicionales, y que por su carácter “atómico” permitirían la creación de itinerarios de aprendizaje completamente personalizados.

Pero la clave va a ser en qué medida los profesores y profesoras ayudan a los aprendices a seleccionar, secuenciar y utilizar estos recursos en los momentos y contextos adecuados. Es decir, cuando tiene sentido acceder a ellos y aprender por su mediación. Imaginemos, por ejemplo, un proyecto que para su realización requiera nociones de, pongamos por caso, trigonometría: ese sería el momento de acudir a este tipo de repositorios, a buscar el conocimiento o capacitación que necesito después de descubrir que la preciso en un contexto de aplicación práctica.

Algo parecido ocurre con la clase invertida. No basta con invertir los momentos y sacar de la hora lectiva el tiempo de explicación, si vamos a seguir pretendiendo que el grupo vaya al mismo paso o que cumplan cierto programa arbitrario y uniforme.

Para empezar, es posible que el material explicativo por sí mismo sea inútil para muchos alumnos y alumnas, así que será preciso poder ofrecer múltiples alternativas en función de los diferentes estilos de aprendizaje (vídeos, texto, presentaciones…).

El período lectivo tiene que generar nuevas formas de relación, permitir a los estudiantes afrontar propuestas de trabajo por proyectos, desarrollo de competencias comunicativas relacionadas con el área de trabajo, y usarse para proporcionar una atención individualizada y orientación en el itinerario de aprendizaje.

El cambio de paradigma educativo necesita algo más que vídeos.

(Y espero que ahora se entienda el juego de palabras del título en toda su ironía.)

Fuente: khanacademy.org

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