Ideas para una educación del siglo XXI
¿Cuál es el propósito último de la educación?
Si tuviera que elegir un gran objetivo de la Educación, que guiara la tarea educativa desde los diversos ámbitos en que se ejerce, formularía el siguiente:
El propósito último de la Educación es contribuir al éxito de la Humanidad en el futuro.
Es un objetivo amplio y ambicioso, pero también señala claramente hacia dónde avanzar, sin condicionar necesariamente los caminos que se pueden transitar para alcanzarlo.
Obviamente, necesitaremos objetivos algo más específicos, que nos permitan orientar el trabajo en la práctica. Pero antes tenemos que hacernos preguntas:
¿Qué sabemos del futuro? Realmente muy poco. Quizá percibimos algunas tendencias y líneas maestras que podrían consolidarse o no. En el futuro nos aguardan oportunidades y problemas que ahora desconocemos, y que las nuevas generaciones tendrán que gestionar, pero, ¿con qué herramientas los vamos a dotar para ello?
Como no tenemos una respuesta definitiva a estas preguntas nos angustia pensar qué recursos podemos o debemos proporcionar a nuestros descendientes a través de la educación.
En realidad, las cosas cambian tan rápidamente que podemos percibir que el mundo en que vivimos es distinto al de hace 10 ó 20 años y tenemos la certeza de que lo veremos cambiar en nuestra vida. Así que lo que les espera a nuestras alumnas y alumnos es impredecible. El cambio es, pues, intrageneracional.
Movernos de la enseñanza al aprendizaje
Si el mundo cambia tan rápido parece claro que no es posible mantener un modelo de educación centrado en transmitir a edad temprana una serie de paquetes de conocimiento más o menos estándar. Eso que llamamos enseñanza del currículum. No parece del todo obvio, pero es bastante cierto, que ese conocimiento estará caducado cuando los alumnos y alumnas abandonen el sistema escolar e ingresen al mundo laboral o a otros estudios superiores.
Se hace necesario pues pensar en la idea de que el aprendizaje ha de desarrollarse a lo largo de toda la vida y, no siempre, al amparo de una institución educativa específica. Por tanto, el control del aprendizaje ha de ir pasando del enseñante al aprendiz, que necesitará desarrollar habilidades o competencias para aprender por sí mismo según sus necesidades e intereses y gestionar ese aprendizaje. Esto nos indica que las nuevas generaciones necesitan:
- Hacerse competentes para aprender a lo largo de toda la vida y gestionar el propio aprendizaje.
¿A qué responde esta demanda? Los cambios tecnológicos, conceptuales y metodológicos llegan a todas las profesiones. Es necesario ser capaz de realizar un seguimiento de los avances en el sector que nos ocupa, las tendencias, las nuevas herramientas. Ser capaz de evaluarlas e incorporarlas a los procesos existentes y hacer evolucionar éstos para adaptarse a las nuevas circunstancias y demandas. Es necesario, por tanto, ser capaz de aprender en cualquier momento, como respuesta eficaz al cambio.
¿Cómo podemos contribuir?
Es necesario estimular la curiosidad del alumnado, estimular que se hagan preguntas y que busquen sus propias respuestas, a través de proyectos personales de investigación documental o incluso experimental.
También debemos ayudar al alumnado a establecer sus objetivos y rutas particulares de aprendizaje, valorar sus conocimientos previos y hacer que lo contrasten con fuentes de conocimiento experto y evidencias empíricas.
Por supuesto, es fundamental instruir en la utilización de herramientas para la obtención, organización, almacenamiento, elaboración y producción de información.
Ya tenemos algo para empezar. Pero hace falta más.
Alfabetización mediática y acceso a la información
Gracias a las tecnologías de la información y la comunicación, el conocimiento se difunde y se almacena en Internet de modo que está disponible de manera prácticamente universal e inmediata, sin importar la distancia ni el tiempo, en una multitud de formatos, y desde una diversidad de puntos de vista.
Al contrario de lo que ocurre en la educación transmisiva, ya no hay una sola fuente de conocimiento legitimada por un criterio de autoridad (ya sea la Iglesia, la Escuela, el Profesor, el Estado…), sino una diversidad de fuentes, que se han de legitimar por su rigor lógico y científico. Este se construye en un proceso de diálogo social, aportando argumentos y pruebas, que son discutidas y validadas o no.
Además, el conocimiento se expresa mediante una diversidad de lenguajes y soportes, que permiten modular de múltiples formas el contenido de los mensajes.
Por lo tanto, parece también necesario educar con el objetivo de desarrollar la capacidad de recepción y análisis crítico de esos mensajes, tanto en lo que respecta al contenido como en la forma y cómo ésta interactúa con aquel y lo modifica. Todo lo anterior nos empuja a pensar en la necesidad de:
- Hacerse competentes para comprender y producir mensajes utilizando los diversos lenguajes y medios, personales, grupales y sociales.
- Hacerse competentes en el análisis crítico de los mensajes, comprendiendo sus contenido, teniendo en cuenta la intención e intereses del emisor y las modulaciones del significado introducidas por sus elementos formales.
En realidad, ser capaz de analizar críticamente los mensajes que se reciben conlleva ser un receptor activo en el proceso de comunicación, e implica incluso algo más: poder ser emisor de los propios mensajes, ser capaz de conversar para participar en la construcción social del conocimiento. Por eso, hablamos de la competencia para producir mensajes utilizando diversos lenguajes y medios porque, como hemos dicho antes, la construcción del conocimiento se produce en la conversación.
¿Cómo podemos contribuir?
Proponiendo proyectos de aprendizaje que incluyan la creación de contenidos por parte del alumnado utilizando diversos lenguajes y soportes: blogs, microblogs, presentaciones, podcast o radio por Internet, vídeos, animaciones.
Utilizando recursos y materiales de aprendizaje desarrollados en todo tipo de soportes y lenguajes.
Es muy importante la toma en consideración de la diversidad de fuentes para el acceso a la información y al conocimiento, contrastándolas, señalando argumentos, datos y referencias, investigando relaciones con grupos de interés, económicos o políticos, etc.
La relación educativa
Este aspecto nos lleva a la relación entre profesorado y alumnado. En el modelo educativo transmisivo existe una relación que no podríamos considerar realmente comunicativa, pues el profesor o profesora transmite información al alumnado y espera de éste tan sólo una retroalimentación: “¿Es capaz de reproducir sin errores esta información?.”
Si hablamos de relación comunicativa tiene que existir conversación y, para que ésta se de, es precisa una relación en la que ambas partes se reconocen mutuamente, y a sí mismas, legitimidad para generar mensajes. No se trata de feedback, sino de intercambio dialóguico capaz de generar el conocimiento.
Este cambio de relación se podría representar mejor con un modelo de mentor, esto es, el adulto como guía y orientador del proceso de aprendizaje de la persona que aprende. Elementos como los libros de texto y otros materiales educativos tendrían que pasar a ocupar un lugar menos central en el proceso de aprendizaje y quedar disponibles entre los muchos recursos posibles.
En muchos aspectos, la nueva relación educativa implica que el profesor o profesora se convierte también en aprendiz, sólo que con más experiencia vital.
¿Cómo podemos contribuir?
Para que la relación educativa cambie, los educadores y educadoras tenemos que asumir un nuevo papel y reconocer en el alumnado a un sujeto agente de su propio aprendizaje.
Es importante que proporcionemos vías para una atención más individualizada y personal; que estemos abiertos a permitir el establecimiento de itinerarios personales de aprendizaje, basados en intereses y necesidades; a la vez que estamos atentos para guiar a cada alumno o alumna en su proceso.
El talento
Y para que se pueda producir este reconocimiento y, sobre todo el auto-reconocimiento, se hace imprescindible una educación orientada al descubrimiento y desarrollo del talento de los individuos.
El talento no es sólo lo que uno o una hace bien, sino que lo hace de forma fluida, fácil, como si no supusiese esfuerzo, porque hacerlo es placentero y sale de dentro. Nos distingue de los demás.
Pero debemos considerar esta idea de talento desde un punto de vista amplio. El talento no se refiere sólo a las grandes dotes artísticas o intelectuales. El talento puede aparecer respecto a cualquier capacidad.
También es necesario hacer trabajar el talento en colaboración, el trabajo colaborativo no se ha de basar en la división y reparto de tareas, sino en compartir responsabilidades y en aportar desde las propias capacidades.
Descubrir el propio talento puede ser difícil si no se producen oportunidades para ejercitarlo. Por eso es necesario que la actividad educativa se centre en proporcionar experiencias de aprendizaje ricas y complejas que requieran la puesta en juego de una diversidad de habilidades y competencias, de tal modo que cada aprendiz pueda participar colaborativamente aportando sus talentos y capacidades específicas al objetivo común.
Y también significa que los aprendices han de tener la oportunidad de expresarse en el entorno educativo, acerca de sus intereses, necesidades o preferencias.
- Ser capaces de descubrir y reconocer el talento propio y el de los demás.
- Ser capaces de comprender y expresar intereses, necesidades y preferencias.
- Ser capaces de hacer colaborar los talentos para afrontar proyectos comunes.
¿Cómo podemos contribuir?
Adoptando metodologías de trabajo orientado por proyectos y desafíos.
Permitiendo al alumnado seleccionar temas de estudio a partir de sus intereses, inquietudes o necesidades.
Proponiendo proyectos de trabajo vinculados a la realidad próxima y que impliquen un paso a la acción, de modo que todos y todas puedan participar aportando distintos conocimientos y habilidades.
Currículum, materias y asignaturas
La enseñanza tradicional transmisiva se basa, en gran medida, en un currículum basado en la estructura convencional del conocimiento. Se organiza en materias o asignaturas, relativamente aisladas unas de otras, que, a su vez, se organizan en una estructura lógica construida a lo largo del progreso del conocimiento.
Sin embargo, la educomunicación pone énfasis en el entorno próximo, los intereses y necesidades de los aprendices, insertos en una comunidad. La realidad no se estructura en materias, temas y apartados, sino que los problemas relevantes son multidisciplinares, complejos y caóticos. Deben ser examinados desde diferentes puntos de vista para ser estudiados, y requieren soluciones que implican diversos tipos de productos y actuaciones.
Por tanto, la estructura del currículum como tal deja de resultar útil. El abanico de materias tradicional en la enseñanza básica constituye un corsé, en lugar de ser un elemento facilitador. Es necesario superar esto.
Surge una duda: ¿es posible asegurar el aprendizaje de los diferentes elementos del currículum? La respuesta nos la puede dar la siguiente comparación:
La ciencia de la nutrición ha determinado la lista de sustancias nutrientes necesarias para vivir. Tenemos dos formas posibles de hacernos con esos nutrientes.
Una de ellas, sería obtener los productos químicos que necesitamos (agua, hidratos de carbona, proteínas, grasas, sales minerales, etc.) en las proporciones adecuadas y elaborar y tomar un preparado sintético que, sin duda, nos mantendría vivos.
La otra es consumir alimentos de diversos tipos que, combinados, nos proporcionan esas mismas sustancias nutrientes. Pero, a la vez, comer es una actividad placentera, que habitualmente realizamos en comunidad y que, muchas veces, incluso, utilizamos para la celebración. No sólo eso, la cocina forma parte de la cultura de las comunidades y está estrechamente vinculada con su economía.
El currículum sería, en esta comparación, esa lista de nutrientes que necesitamos. La enseñanza transmisiva tradicional, sería la opción de la nutrición basada en las sustancias químicas. Mientras que la educomunicación se parece más a la nutrición basada en alimentos.
El papel de la instrucción directa
¿Queda un espacio para la instrucción directa? La instrucción directa es el paradigma de actuación básico del profesorado en la educación transmisiva. Sin embargo, pese a la reorientación de las relaciones entre profesorado y alumnado, sigue teniendo un papel en el proceso.
Un papel que ha de abandonar el centro. La instrucción directa ha de ser uno entre otros muchos recursos a los que los aprendices han de poder recurrir en función de sus necesidades de aprendizaje. Una instrucción que puede venir dada por el profesorado, pero que también puede ser impartida por iguales o por expertos participantes en las comunidades de aprendizaje, u obtenida a partir de recursos educativos disponibles en la red en diversos soportes y lenguajes.
La diferencia, por tanto, estará en esa contextualización en relación a los recorridos de aprendizaje.
Concluyendo
El paso de la educación transmisiva a la educación del siglo XXI no es sencillo porque supone trabajar contra un conjunto de inercias presentes en el sistema educativo, en su propia estructura y configuración, la relación entre profesorado y alumnado y la relación de éste con el conocimiento.
Sin embargo, los retos que nos plantean las tecnologías de la información y la comunicación, en un mundo constantemente conectado, donde la información es dinámica, cambiante, diversa, ubicua e instantaneamente disponible, nos obligan a replantearnos instituciones, procesos y sistemas desarrollados para un tiempo ya pasado y que no han conseguido adaptarse a los nuevos.
La educomunicación nos proporciona un enfoque educativo que puede servirnos para afrontar el futuro. Se centra, precisamente, en capacitar a los aprendices para convertirse en sujetos agentes del aprendizaje en un mundo mediático, capaces de ser receptores críticos y emisores activos, participantes de la conversación global que, cada vez más, caracteriza a la que llamamos sociedad de la información.
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