No sólo Apps
Me gusta el iPad, para qué lo voy a negar. Creo que es uno de los primeros artilugios tecnológicos que supera realmente lo que podríamos denominar como brecha del conocimiento tecnológico. Es decir, al contrario que los ordenadores, por ejemplo, para manejarlo y sacarle partido apenas es necesario un aprendizaje previo de conceptos o procedimientos específicos.
El iPad se convierte en una herramienta diferente con un toque del dedo gracias a las aplicaciones (o apps, en la jerga), que hacen desaparecer el dispositivo de la vista para que el usuario o usuaria se concentre en aquello que está haciendo, desde contestar un correo electrónico a lanzar pájaros enojados contra cerdos roba nidos.
Hay un gran interés por el uso de iPad en educación (mucho menor en el caso de otras tabletas) y entiendo las razones. Probablemente es el primer dispositivo realmente viable para la creación de entornos 1x1, mucho mejor que los netbooks o que los ordenadores portátiles. Resulta mucho más cómodo, fácil de mantener y usar, e incluso diría que más versátil.
Pero me incomoda que una buena parte de los planteamientos sobre el tema, empezando en buena medida por la propia Apple, se base en las posibilidades para el acceso y consumo de contenidos y en aplicaciones y juegos educativos del tipo máquina de enseñar de Skinner. Básicamente lo que podríamos considerar un modelo de enseñanza tradicional con herramientas de última generación.
El iPad proporciona también potentes e interesantes herramientas para la obtención de información, organización y para la creación de contenidos, integrando múltiples medios.